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lunes, 29 de agosto de 2011

La insoportable oposición a la verdad





           





Luego de las elecciones primarias parece que retornó cierta calma en el escenario político argentino. Buena parte de la oposición se ha llamado a silencio; algunos porque demostraron ser poco representativos (Elisa Carrió, Pino Solanas, por citar solo dos); y otros, si bien siguen alardeando sobre “eventuales irregularidades” (Duhalde, Amadeo, etc.) carecen de credibilidad ante la opinión pública y, en consecuencia, sus declaraciones no son tomadas en cuenta por el conjunto de la ciudadanía.
Lo cierto, es que excepto los negadores de la realidad; nadie puede dejar de reconocer el claro y aplastante triunfo de la presidenta Cristina Fernández.
Obviamente,  un investigador social que recientemente llegase a nuestro país con el objeto de indagar respecto de la situación política en la Argentina la primera pregunta que se formularía, a nuestro juicio, sería: ¿Porqué el oficialismo obtuvo un resultado tan contundente en las elecciones de agosto?  Y la primer respuesta que recibiría de un observador imparcial, seguramente, habría de ser: “Porque ha hecho cosas”. Por ejemplo: Reestatizó el sistema de jubilaciones y pensiones, incorporó al sistema jubilatorio al 90% de las personas en edad de jubilarse, mejoró sensiblemente sus haberes; sancionó la asignación universal por hijo, aumento considerablemente los salarios de los trabajadores, promocionó el empleo y el desarrollo industrial, otorgó fuerte respaldo a la investigación científica, construyó rutas y carreteras a lo largo y a lo ancho de nuestro país, terminó la “inacabable” obra de Yaciretá, construyó más de 1000 escuelas en toda nuestra geografía, posibilitó el acceso a Internet a una importante franja de niños y adolescentes que carecían de ese privilegio, resolvió los siempre existentes conflictos sociales en forma pacífica. Promovió –conjuntamente con otras naciones latinoamericanas- la integración regional en el Mercosur y con ello se configuró una herramienta fundamental para el logro del crecimiento económico en la región, fortaleciendo a su vez nuestro mercado interno. Solucionó el grave problema de nuestro endeudamiento externo; hecho éste que determinó una mayor protección de nuestra economía ante las diversas crisis que azotan a los mercados financieros internacionales y aumentando, de ese modo, nuestros márgenes de soberanía económica; etc., etc., etc. Podríamos seguir mencionando unos cuantos logros más (drástica reducción del desempleo, nuevo marco regulatorio para la medicina prepaga, construcción de nuevas universidades gratuitas, etc.) de la presente gestión que brindarían más asidero a la respuesta del observador imparcial; sin embargo, suponemos que lo mencionado es suficiente como para justificar la misma.
Ahora bien,el mismo investigador podría preguntarse el porqué “la Oposición” obtuvo tan magro resultado en esos comicios. Y el mismo observador imparcial  debería decirle con absoluta honestidad: “Porque no propuso nada”. Aun prescindiendo de los antecedentes históricos de los eventuales candidatos opositores -que por cierto, en su mayoría, el conocerlos, para nada los beneficiaria- ninguno de ellos se atrevió a formular propuestas superadoras, ninguno de ellos estuvo dispuesto a debatir ideas, ninguno estuvo dispuesto a reconocer lo que se ha hecho bien; y peor aun, se atrevieron a exteriorizar mentiras –con la complicidad de determinados medios- con el objeto de corroer la imagen presidencial y de esa forma “llevar agua sucia para su molino”.
Es decir, la cuestión no era obtener votos en base a sus aptitudes personales, propuestas superadoras o programas de gobierno; sino obtenerlos en base a la descalificación y negación de aquello que el gobierno había hecho, incluso de aquello que se había hecho en beneficio de la población.
Este proceder casi uniforme en los referentes opositores, revela inexorablemente el grado de mediocridad existente entre los mismos y hasta que punto se hallan subordinados a los grandes grupos de poder (Clarin y sus socios de ADEA) que hasta se les negaba reconocer lo evidente: aquellas acertadas iniciativas del gobierno. Su discurso se circunscribía a descalificar a la presidenta por sus expresiones autoritarias (si bien nunca aclaraban cuales eran), por sus manifestaciones de soberbia que al parecer asociaban con su firmeza de convicciones cuando defendía tenazmente sus medidas, y el remanido argumento “de la ausencia de respeto a las instituciones”, entre ellas muy especialmente, el Congreso Nacional. Este último un argumento falaz, puesto que en ningún momento se respetaron tanto las instituciones como durante la presente gestión. Es suficiente observar el escaso número de vetos a las leyes sancionadas por el Congreso, en relación con los gobiernos anteriores, para percatarnos que ésta gestión es quien menos trabas opuso al desenvolvimiento de ambas Cámaras legislativas.; ni hablar del caso del Poder Judicial, donde en ningún momento el gobierno intento interferir en sus decisiones.
Lo paradójico de todo esto es que quienes reclaman respeto por las instituciones son los mismos que con su accionar ofenden y desvalorizan a las mismas.
Basta recordar, a modo de ejemplo, las permanentes inasistencias de De Narvaez y Macri como miembros de la Cámara de Diputados, la ausencia de proyectos presentados por ambos "dirigentes"; lo que manifiesta la escasa importancia que le asignan a la labor parlamentaria. O es suficiente recordar “el show armado por la oposición” para no aprobar el presupuesto nacional. Ni hablar de las distintas denuncias –sin olvidarnos de sus predicciones- efectuadas por la diputada Carrió, fielmente acompañada por Patricia Bullrich, que solo eran declaraciones mediáticas y que no servían en el plano de la justicia porque carecían de pruebas, por ser entre otras cosas denuncias falaces. Si hasta con el mismísimo Duhalde (hoy juntos en la oposición) tuvo que rectificarse de sus dichos, cuando aquél la demando, aduciendo que no quiso decir lo que dijo. ¿Acaso eso no es devaluar la verdad y, paralelamente, desprestigiar al parlamento por ser miembro del mismo?
Esto es un ejemplo más de la poca seriedad opositora y, en verdad, no es para alegrarnos que existan esta clase de dirigentes; por el contrario, es para preocuparnos. Cuan importante para nuestro país sería contar con opositores de talla. 
Un ejemplo reciente nos muestra como actúan estos señores –como bien lo menciono el periodista  Roberto Caballero- el dirigente de la Coalición Cívica, el diputado Alfonso Prat Gay hasta la semana anterior se la paso hablando de las "dificultades económicas y financieras" de la Argentina; como ahora la calificadora de riesgos Moody’s bajó la nota de los bancos locales (para quienes el economista trabaja) salió a contradecirse y decir que el sistema financiero nacional esta lo suficientemente sólido.
Como vemos la verdad para estos “dirigentes” solo es dable reconocerla si se acomodan a sus intereses; de lo contrario, no han de reconocer nada.
De todas maneras, confiamos que son "dirigentes de la decadencia" que quedarán en el camino y resurgirán otros que eleven la calidad de nuestro parlamento. Entre tanto, deberemos esperar el surgimiento de nuevos dirigentes en esas huestes.
Por suerte hoy son opositores. Lo lamentable sería que como en los años 90 fueran oficialistas!!

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